Cuando era niña, cerca de los 5 años de edad, pasaba horas mirando un mundo que yo construía con imaginación mirando a través de una canica que insertaba en el agujero de una puerta sin chapa; la luz que atravesaba el cristal, junto con los colores y las burbujas de la canica formaba una visión abstracta, que se convertía en un mundo concreto con sólo girar con el dedo la canica, tal vez en el fondo del mar o el espacio exterior.
Ahora continúo ese juego, pero de manera inversa, fotografiando el mundo en el que me muevo, el concreto; conteniéndolo en una canica, convirtiéndolo en mi mundo, uno abstracto, del exterior al interior, de lo grande a lo pequeño.

 

el mundo a través de una canica