|
"La memoria es la capacidad de retener y evocar los estímulos que tras penetrar adecuadamente en nuestro cerebro han encontrado un hueco en él. Es la permanencia de partes simbólicas de nuestro pasado en el presente". Koestler, Arthur. La idea de realizar este trabajo surge entre otras cosas, de una motivación personal basada en un sentimiento de nostalgia, una nostalgia adelantada de lo que es y ya no será, de lo que fue, del lugar y los hechos relacionados con los últimos cinco años de mi vida, de la gente que forma parte de mi historia personal, es así como retomo la visión del arte como documento, haciendo uso de la fotografía como una herramienta que logra congelar el presente, hacerlo existir, que captura instantes incluidos en el conjunto espacial y temporal del mundo siempre cambiante en el que vivimos, siempre diferente, que es pasado o futuro, en el que el presente es un concepto que la fotografía puede sacar del mundo abstracto y convertir en un objeto físico, en una imagen documental, un registro histórico, que además puede aportar satisfacciones estéticas. Esta serie fotográfica fue tomada durante un período de tiempo de un año, en un lugar que recorrí a diario por cuatro años antes de hacer el primer clic. Un lugar que algunas veces observé detenidamente, y otras, recorrí casi sin mirarlo, que fue cambiando poco a poco y se fue modificando junto con mi relación con el espacio. La primera vez que estuve ahí, había un profundo olor, único, una combinación entre madera, humedad y un no se qué, que poco a poco fue disminuyendo hasta que dejé de percibirlo. Un lugar con amarillo, azul, rojo, blanco, colores también en un constante cambio, que cambiaron igual que el agua del lago que se ve por las ventanas, igual que el cielo enmarcado con la arquitectura, un cielo azul profundo, azul nublado, un cielo gris, un cielo negro con o sin estrellas, un cielo mojado. Dentro de ese espacio, una vida en movimiento, un conjunto de vidas entre ellas la mía, ahí conocí a mucha gente, y así como el lugar cambió para mí, lo mismo sucedió con las personas, con la primera imagen de un maestro que después fue mi amigo o mi dolor de cabeza. Los compañeros al principio eran un conjunto casi homogéneo que poco a poco fui identificando quitándole lo impersonal al conjunto, algunos se fueron al poco tiempo y empiezo a olvidarlos y sé que los olvidaré, otros se hicieron mis amigos y continuaron siéndolo, algunos dejaron de serlo, nuevas personas aparecieron y se quedaron en mi historia, otras se marcharon, cambios constantes, que de alguna forma he detenido al fotografiarlos. Hoy después de haber capturado la última imagen de la serie, el espacio y las personas son diferentes a las retratadas en las fotografías, así como mi relación con ellas, hoy, esta serie es parte de mi pasado y del de algunos otros. La fotografía permite al ser humano experimentar sentimientos o recuerdos que el paso del tiempo ha dejado atrás, tiene la capacidad de ser un punto de concentración de la memoria, las fotografías en donde estamos nosotros mismos o lugares y personas conocidas nos dan un pretexto para el recuerdo, evocan imágenes que van mas allá de lo que podemos ver en el papel, de lo que podría ver alguien ajeno a la fotografía. A su vez aquellas fotografías en donde vemos un lugar o persona desconocidos, pueden evocar recuerdos propios o darnos la oportunidad de conocer o mas bien de interpretar aquello que alguna vez un fotógrafo vio, conocemos una parte de un lugar, de un tiempo que ahora existe solo a través de lo que el ojo fotográfico nos deja ver, conservando o no algo de la realidad que estaba presente cuando la fotografía fue tomada. La fotografía conserva de manera fiel una imagen vista en una fracción de segundo por una persona a través de una lente en el lugar que sólo su cuerpo pudo ocupar en ese preciso instante, una fotografía es también subjetiva y como las demás expresiones artísticas es susceptible de todo tipo de interpretaciones al ser vistas por diferentes personas, incluso por el fotógrafo dependiendo de la experiencia de cada quien, misma que se va acrecentando y modificando constantemente, por eso una fotografía tampoco se ve igual la primera vez que se ve o la siguiente. Cada vez se guarda de forma diferente en el almacén mental, haciendo un ciclo en donde el mundo cambia y si se fotografía, la imagen fotográfica que se guarda en la memoria también cambia. Un movimiento sucesivo, infinito, siempre cambiante. La memoria guarda una selección mínima de la realidad, la forma en que hacemos esta selección, nuestra “coladera” varía de acuerdo con nuestros intereses, mismos que se modifican por las experiencias ocurridas a lo largo del tiempo. Por esta razón, el tiempo, lo que nos sucede en su transcurso, es la base de la modificación en la forma de hacer una selección, de lo que recordaremos al ver el trozo de realidad contenido en una fotografía; tal como lo hacemos al percibir la realidad en la que nos movemos. En el momento de la toma, también sucede una selección, de lo simbólico, ya sea de cada momento en particular y en general la mayoría de la gente elige fotografiar aquellos eventos considerados simbólicos como una boda, un bautizo, quinceaños, etc. La física cuántica de alguna manera plantea que la realidad que percibimos está limitada a una estructura con la que aprendemos a vivir, ya que realmente vivimos en un mundo en donde los objetos que percibimos se encuentran en constante movimiento, en donde las leyes de la física newtoniana o la física tradicional, no siempre se cumplen y si pudiéramos percibir los hechos de esta manera, sería caótico y muy difícil el poder adecuarnos a la realidad y desarrollarnos en un ambiente como éste, así como necesitamos de una estructura para entender al mundo, en una realidad, con cambios constantes, la fotografía me ha servido como una herramienta para situar un punto fijo en el complejo y dinámico espacio del tiempo. Desde que tomamos conciencia del transcurrir el tiempo, lo percibimos de una forma lineal, día a día vamos creciendo, envejeciendo, viviendo experiencias que van quedando en nuestra memoria, cada quien guarda en el almacén de la mente de forma subjetiva, la vivencia que se ha tenido, y sabemos que ese es el único lugar donde se quedan, y no se quedan intactas, el pasar del tiempo las va modificando o desapareciendo, haciendo una selección de lo que se guarda y de lo que se desecha, el almacén de la mente es virtual, físicamente no queda nada, solamente evocaciones; en nuestro cuerpo una cicatriz, un tatuaje, el cuerpo mismo; en una cinta, música, imágenes; en un papel, palabras, dibujos, fotografías. El arte suele ocuparse de conservar, de inmortalizar las vivencias y de alguna forma a las personas, el arte se convierte en un objeto que evoca los recuerdos y no sólo de quien crea la obra, también es capaz de producir un efecto en quien lo mira, en quien lo escucha. Hay una necesidad humana, casi un instinto, conservar, atrapar el tiempo, poseerlo, y la fotografía es una posibilidad de lograr algo parecido. La imagen fotográfica va adquiriendo un valor diferente al pasar los años, muchas veces mayor, algunas veces menor, un bien sentimental, estético, incluso económico, como pasa con un objeto para coleccionistas, una antigüedad, con el mercado bursátil. Por ejemplo puede pasar que tenemos una fotografía de una persona porque nos parece atractiva, si nuestro gusto cambia el valor de la foto disminuirá; O el caso de una fotografía en donde está un persona que ha muerto, ahora ese trozo de papel tiene una carga sentimental que aumenta su valor. La fotografía congela y une dos dimensiones, la temporal y la espacial. Y de este mágico hecho, nos queda como prueba una imagen, un documento. Una vez pasé por la calle donde vivía mi abuela, ahí pasé gran parte de mi infancia, estoy parada ahí mismo más de diez años después de la ultima vez que fui. En mis recuerdos la casa estaba cerca de la mitad de una larga calle, era una casa grande, veo el principio de la calle, y sorprendentemente solo camino unos cuantos pasos y me encuentro con la casa, ¿Estaba tan cerca? No es tan alta, no es tan grande, me siento confundida, miro hacia la calle y mi mirada se topa con el final a tan corta distancia… ¿Acaso todo se encogió? Me siento como un gigante, pasa a mi lado una niñita pequeña y la veo y me veo, mido el doble que ella. Esa calle, esa casa es como una fotografía, el paso del tiempo parece no haberla afectado, confronta mis recuerdos, las imágenes mentales guardadas, con la imagen que está ante mis ojos en ese momento. Una misma fotografía siempre es diferente dependiendo de lo que
hay detrás de los ojos que la miran, depende del bagaje cultural,
de las experiencias e intereses, también cambia cuando es vista
por una misma persona en diferentes momentos de su vida. Como ejemplo
de esto recuerdo una fotografía de grupo en la primaria, cuando
la veo por primera vez a los pocos días de ser tomada ¿Qué
me llama la atención, qué me dice? ¿Tal vez pienso
en cómo salí? ¿Qué caras hicieron los demás?
¿Alguien cerró los ojos? Pocos años después
miro esa misma imagen. Recuerdo a mis amigos, puedo recordar el nombre
de todos los de mi grupo, recuerdo platicas con ellos, juegos, experiencias
que vivimos juntos, la personalidad de cada uno de ellos, incluso viene
a mi mente la idea de buscarlos, me da risa el peinado que tenía
en ese entonces, veo el uniforme que me ponía a diario y que ahora
tal vez no me quedaría, vuelvo a guardar la foto. Varios años
después vuelve a mis manos, recuerdo a los niños que me
fueron más cercanos, he olvidado el nombre de algunos otros, ahora
veo en esas caras que están junto a mí, a unos niños,
es como si la mente me jugara trucos, ¿Qué no eran grandes?
¿Qué no eran como yo? Sí, eran como yo, mi cara también
es la de una niñita, me doy cuenta de lo que he cambiado, no recuerdo
la imagen de esa niñita en el espejo porque me he mirado casi a
diario en él, sin percibir los cambios que se han dado poco a poco,
pero ésta imagen la retuvo, ¿cuanto medía, qué
me gustaba, qué pensaba, qué me preocupaba? esa que veo
ya no soy yo pero a la vez soy yo, muevo la mirada y me encuentro con
mi maestra, aquella señora que me enseño a leer, ahora se
ve, o mejor dicho ahora la veo tan diferente, no es una señora,
es una muchacha, tal vez tenía la edad que tengo yo ahora. Hoy
tengo la fotografía guardada en el baúl de los recuerdos,
latente, cambiante casi como si tuviera vida propia, esperando el próximo
momento en que se encuentre con mis ojos de nuevo, ojos que serán
otros y la verán diferente. |
memoria |